"DE SEIS A OCHO" (Cuaderno Literario de La Tertulia Literaria de Guardamar)

jueves, 16 de julio de 2015

"EL EMBROLLO" DE MERCEDES SENENT GARCÍA DE LA TERTULIA LITERARIA DE GUARDAMAR, PUBLICADO EN EL PERIÓDICO GUARDAMAR DIGITAL El (15-07-2015)


EL EMBROLLO                                                Mercedes Senent García


-¡Dale más fuerte!, ¡Hunde la pala hasta el fondo! –le grité a Julián con desesperación.
-Eso hago, ¿No lo ves?
Mi marido siempre me la jugaba. En realidad, me la jugaba a mí y a sí mismo. Desde que nos casamos, siento que más que su esposa soy su madre. Así  me siento, como si tuviera que educarle, del mismo modo que lo he hecho con nuestros dos  hijos. ¿Acaso su verdadera madre no supo hacerlo, en todo el tiempo que lo tuvo en su casa? A veces le miro y le veo como a un niño perdido.
La bolsa volvía a subir a la superficie del agua de aquel pequeño puerto deportivo. Nuestra barca era demasiado pequeña para esconder semejante bulto.
-¡Para! –le dije a Julián-. Los vecinos se acercan.
Mi esposo dio un palazo a la bolsa y la desplazó hacia la popa de nuestro barco.
-¿Qué tal, como estáis? –les dije con una falsa sonrisa.
-Muy bien. ¿Y vosotros? –respondió Isabel, mientras se sujetaba su pamela.
-¡Estupendamente! Aquí andamos limpiando un poco nuestra “casita” –contesté  yo a la vez que miraba de reojo la pala.
-Pero si la tenéis reluciente –dijo  nuestro vecino Alberto.
-¡Qué va!, eso es lo que parece desde fuera, pero ya sabéis que en los barcos siempre hay rincones llenos de suciedad –seguí añadiendo yo, impidiendo así que mi marido soltara alguna tontería que nos pudiera delatar.
Mi corazón palpitaba agitadamente y tenía la sensación de que se me debía notar nerviosa, pero cuando yo quería sabía ser una buena actriz.
-Esta mañana andaba por aquí la Guardia Civil –siguió diciendo mi vecino-.Dicen que ayer les soplaron que un alijo de cocaína había llegado a este puerto.
-¡Qué horror! –solté yo-. ¿No me digas que andamos rodeados de narcotraficantes?
-Eso parece –añadió Isabel-.A mí esa gente me da mucho miedo. Dicen que es posible que también trafiquen con armas e incluso  con mujeres para obligarlas a prostituirse.
Al oír sus palabras sentí que me comenzaba a marear y tuve que apoyarme sobre la cabina del barco. La respiración comenzó a acelerarse y percibí como el sudor empapaba cada rincón de mi cuerpo. Traté de controlar el aire que inspiraba y expiraba para relajarme. Toqué en el hombro a  Julián. Este me miró y, por una vez, supo echarme un capote:
-Bueno, si nos perdonáis…Tenemos un poco de prisa y mucho por hacer. Ya sabéis el trabajo  que puede dar un barco…
-¡Oh, claro! Nosotros también tenemos tareas que atender –replicó Isabel, mientras fruncía el ceño-.Adiós.
-Adiós –dijimos mi esposo y yo a la par, mientras nuestras miradas cómplices se cruzaban.
Una sensación de alivio recorrió mi cuerpo. Ahora solo teníamos que preocuparnos del bulto con la droga que mi marido se había encontrado. En algún momento llegué a pensar que lo mejor hubiese sido ir al retén de la Guardia Civil y contarlo todo. Pero pensé que no nos habrían creído y nos habrían arrestado. A saber los años que le pueden caer a una por traficante de drogas…Que mala suerte tuvimos al recibir con la marea aquella bola.
Tras buscar Julián y yo durante más de una hora por los alrededores del barco, comprobamos que el bulto había desaparecido. Quizás la raja que le hizo mi marido para ver de qué se trataba hizo que el agua empapara la droga y debido a su mayor peso se hundiera Los dos nos miramos a los ojos y reímos dándonos un efusivo abrazo. ¡Sube!, me dijo mi esposo. Vamos a comernos un arroz a Castellón. Julián en algunas ocasiones, sabía sorprenderme y dejaba de ser “mi niño”, para convertirse en “Mi Hombre”.








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