"DE SEIS A OCHO" (Cuaderno Literario de La Tertulia Literaria de Guardamar)
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domingo, 20 de marzo de 2016
martes, 9 de febrero de 2016
"BETTY" PINTURAS & RECUERDOS (SALA DE EXPOSICIONES DE LA BIBLIOTECA PÚBLICA DE GUARDAMAR, INAUGURACIÓN JUEVES 11 DE FEBRERO A LAS 20.00H.
viernes, 15 de enero de 2016
"AMIGO FÉLIX", RELATO DE JESÚS FERNÁNDEZ ESCRICH DE LA TERTULIA LITERARIA DE GUARDAMAR, PUBLICADO POR EL PERIÓDICO GUARDAMAR DIGITAL (13-01-2016)
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Publicado 13-01-2016
AMIGO FÉLIX
Jesús Fernández Escrich
Treinta y
cinco años después de la trágica muerte del Dr. Félix Rodríguez de la Fuente y
sus colaboradores, Teodoro Roa y Alberto Mariano, se han sucedido actos de
recuerdo y homenaje a estos hombres que dedicaron su vida a estudiar el mundo
natural que nos rodea, y darlo a
conocer al gran público, de una forma tan técnica y a la vez sencilla, como no
se había hecho nunca en nuestra historia
televisiva.
Yo he
querido sumarme humildemente a este homenaje, y decidí apoyarme en el realizado
por un muy conocido programa llamado “Cuarto Milenio”. Su equipo humano al
frente de su director, Iker Jiménez, emitió un largo monográfico, en el que
abordaron muchos y variados aspectos de la historia (inclusive las extrañas
circunstancias del accidente que les costó la vida) de ese equipo de
investigadores que, probablemente, no volverá a constituirse jamás.
Deseo hacer
hincapié en un comentario muy concreto que el Sr. Jiménez vertió en su
programa, y que me pareció sumamente interesante, pues lo desconocía. Resulta
que Félix, el “amigo de los animales”, el científico analítico que buscaba
explicaciones lógicas para el comportamiento de los seres vivos en conjunto,
este hombre… creía en la vida extraterrestre; creía en el alma humana y su
trascendencia; en la interacción entre las personas a través de esa especie de
red invisible, intangible, que se ha dado en llamar “mente universal” o
“inconsciente colectivo”; creía en la interrelación entre todos los seres vivos
y el Universo, y esto reorientaba los proyectos futuros del naturalista en otra
dirección.
Al parecer,
deseaba profundizar mucho más en estos aspectos del ser humano; que los
maravillosos documentales sobre la Naturaleza que nos legó, fueron una especie
de entrenamiento para acometer con más seguridad y maestría los proyectos
referidos. En este sentido, creo
que la serie de películas que estaba filmando en Alaska eran ya una
primera incursión en ellos; porque, ciertamente, el meterse de lleno en esa
carrera de trineos se puede considerar como un auténtico estudio antropológico:
¿Qué llevaba a un grupo de personas a participar en la aventura de internarse en inhóspitos bosques,
helados, en soledad casi total, solamente acompañados por el pequeño grupo de
perros que arrastran el trineo? Perros, no lo olvidemos, descendientes de los
lobos, esos mismos que siguen habitando aquellos parajes, y que tanto
apasionaban a Félix.
Acaso fuese,
sencillamente, el afán por recuperar algo que parece hemos perdido: la conexión
del Hombre con la Naturaleza, con la Madre Tierra, Gaia, que nos ha parido y
alimenta, y a quien nosotros
devolvemos sus favores tratándola de manera inmisericorde.
Félix fue un
ejemplo vivo, y en su época nació una multitud de vocaciones. Gran parte de los
naturalistas de hoy se forjaron gracias a su trabajo y el de su equipo. Pero,
con ello y todo, los poderes que rigen el mundo no han sido tocados por su
varita mágica, y siguen buscando el rápido enriquecimiento a costa de la
degradación de nuestro planeta,
única casa que poseemos.
Treinta y
cinco años. Siete lustros. Han transcurrido como un soplo y, desde aquel
fatídico día en las gélidas latitudes de Alaska, la Tierra continúa llorando la
pérdida de tres hombres y el desmembramiento de un equipo consagrado al estudio
de la Vida, con mayúsculas; de un equipo de mujeres y hombres ya mítico, porque
ellos sí habían reencontrado su conexión con el Todo.
Que el
ejemplo del equipo de “El Hombre y la Tierra” no caiga en el olvido; que sea
asumido por quienes tienen en sus manos la posibilidad de hacer las cosas mejor,
porque sólo así podrá salvaguardarse la supervivencia de esta especie que,
irónicamente, se ha dado a sí misma el nombre de “Homo sapiens sapiens”.
Félix,
Teodoro, Alberto, siempre entre nosotros.
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