"DE SEIS A OCHO" (Cuaderno Literario de La Tertulia Literaria de Guardamar)

lunes, 26 de octubre de 2015

"DEL CABELLO Y LAS CANCIONES DE MI MADRE", RELATO DE HELENA C. VILARELLE DE LA TERTULIA LITERARIA DE GUARDAMAR. PUBLICADO POR EL PERIÓDICO GUARDAMAR DIGITAL (21-10-2015)

(21-10-2015)

DEL CABELLO Y LAS CANCIONES DE MI MADRE        Helena C. Vilarelle

Vivíamos en lo alto de una loma en zona restringida y muy aislada. Abajo estaba la explanada, donde se encontraba la caseta del guarda de la zona y el muelle, unido a una edificación que se adentraba en el agua y en cuyo interior se protegía el yate de Míster Irene Dupont, el dueño de toda Punta de Hicacos en el istmo matancero de Varadero.
A mi madre el pelo le llegaba a los tobillos. Lo lavaba en la misma batea que nuestra ropa, aunque a esas prendas las colocaba en la tendedera, abriendo la soga y enganchándolas en la misma. A mí me gustaba ver cómo el aire quitaba la humedad de las telas inflándolas y moviéndolas a capricho, pero me atraía más la cabellera de mi mamá expuesta al sol. Cuando había visitantes en el muelle, ellos contemplaban tan embelesados como yo la operación del secado de su cabello que constituía todo un espectáculo.
 Mi madre era una mujer dulce, alegre y con una magnífica voz. Ligado estrechamente al de ella mi universo infantil se ensanchaba cuando dividía su pelo en dos mitades. Ese era el momento en que tocaba cantar.  Comenzaba entonando  “Cielito Lindo” y  como por arte de magia,  de entre sus manos surgía un lápiz con el que me dibujaba  un lunar cercano a la boca. Su pelo dividido en dos mitades descansaba delante, sobre los hombros. Yo lo acariciaba; sentía que era suave como los pétalos de rosas y como nacían de su cabeza, los relacionaba con las historias que ella me contaba: Pensaba en el cuento de la doncella que decía al príncipe: “Caballero del sombrero de pelo. ¿Cuántas estrellitas tiene el cielo?” E intentaba imaginar cómo sería un sombrero hecho con su pelo. Esta ensoñación finalizaba cuando ella comenzaba el trenzado mientras lanzaba al aire su variado repertorio de canciones.
Entre mis preferidas estaba una que se acoplaba a su voz de manera cálida.  ”Martha, capullito de rosa, Martha, del jardín linda flor. Dime, que feliz mariposa en tu cáliz se posa a libar tu dulzor...”  Yo pensaba que libar debía ser algo parecido al resplandor del sol en sus cabellos.
Al finalizar sus trenzas, las fijaba con varias vueltas entrecruzadas en lo alto de su cabeza y a mí,  se me antojaba que era una corona. A continuación le pedía que cantáramos juntas. Ella sabía que esa era mi parte preferida del día,  y que no la dejaría en paz si no concluía la faena de ese modo. Así que, poniendo los brazos en jarra,  lanzaba mi madre un grito que parecía un quejido risueño.  “Uy juy juy juy juy juy”  Después entonaba:  Allá en el Rancho Grande,/  Allá donde vivía./ Había una rancherita,/Que alegre me decía / Que alegre me deciaaaaaaaa…
Y mi madre alargaba la nota cantada para darme tiempo a que le preguntara gritando:
─¿Qué te decía, mamiiiiiii?  ¿Qué te decía?  ─y ella señalándome respondía cantando:
─Te voy hacer los calzoneeeeeeeeees…
Y volvía a dar tiempo a que yo, revoloteando a su alrededor,  inquiriera:
 ─¿Cómo? ¿Cómo?  ─Mientras ella remataba;
─Como los zurce el  ranchero.
Cuando fui mayor, me dijo que el pelo lo mantuvo tan largo por una promesa que hizo a La Virgen: Me comentó que  yo había estado desahuciada cuando era un bebé y como milagrosamente me había salvado, ella estuvo seis años sin cortarse el cabello.
 Cuando estaba a punto de finalizar su ofrecimiento,  mi hermano de seis meses se cayó  de la cuna y estuvo en coma varios días con un coágulo de sangre en la cabeza. Los médicos dijeron que si no despertaba se moría.  Entonces ella ofreció alargar su promesa y como así fue, ¡soportó ocho años el peso de su cabellera!


miércoles, 14 de octubre de 2015

" ESTRATEGIA DE SILENCIO", RELATO DE LEONARDA CAROCA FUENZALIDA DE LA TERTULIA LITERARIA DE GUARDAMAR, PUBLICADO POR EL PERIÓDICO GUARDAMAR DIGITAL EL 06-10-2015

Publicado por Guardamar Digital el 06-10-2015

ESTRATEGIA DE SILENCIO                                                                     Leonarda Caroca

      Florecía el abutilón, anunciando la primavera desde una esquina del jardín  se inclinaba perezosamente  sobre la reja;  a cada soplo de viento  hacía una solemne reverencia a todos los que estábamos en casa, regalándonos su  pedazo de sol,  ofrenda del día.
      Ayer estaba mirándolo por la ventana de la cocina cuando  llegaste, venías  rabioso. Viste  la planta y le diste un manotazo, tal vez para advertirle  que no te rozara. No me cupo duda de que, en tu rabia no veías al arbusto sino a mí. Como  siempre, mi  corazón había empezado a palpitar con furia, advirtiendo  el peligro. Mejor  callar, ya me enseñó mi madre, no hablar mejor, dejar que pase el mal momento guardando los dolores debajo de la alfombra.
     La cocina era mi lugar de trabajo, allí  permanecía la máquina de coser junto a diferentes prendas: la  cortina, la blusa o lo que fuera que estaban- siempre- esperando por mí. Trabajo urgente; pero al verte quedé inmóvil, me detuvo el descubrimiento de que la violencia se estaba transformando en tu actitud de costumbre ¡Nunca imaginé que esto podría llegar a sucederme! Estaba confundida, pensando, en penumbras de mí misma, tratando de coser.
     La cachetada en pleno rostro me torció la cara y un grito. -¿Te estás haciendo la indiferente? ¡Imbécil!- Segundos después te vi dando puntapiés a mis costuras o disparando por los aires lo que se podía.
   Era tu venganza porque en la noche me había encerrado a dormir en el  escritorio. Con llave. Por cierto que no dormí.  Tenía miedo. Tuve la certeza de que  deseabas  golpearme con  más furia
  -¡Esto no se perdona, estúpida, me las vas a pagar!- gritaste, mientras golpeabas  la puerta  con tus pies. -Eres mi mujer y debes atenderme, oíste, atenderme. ¡No se te olvide!
   Quizás todos los hombres son igualmente rabiosos, como pensaba mamá. O puede que dijera eso para justificar a mi padre.
    Te fuiste dando  un portazo  que alcanzó   al arbusto, una flor cayó estrepitosamente al suelo.
      Después de la rabia,  vendría lo de siempre: tus caricias exigentes, y  yo aceptaría, fingiendo, pero después… que… si acaso no te quiero, si me olvidé de lo bueno que eres en la cama , si tengo un amante…eso,  un amante es tu mayor miedo y la palabra surge  apenas interpretas  que me  estoy cansando de este juego difícil. Enseguida te afligen tus propios pensamientos y empiezas a exigir más y más hasta que  ya no puedo soportar. Tampoco ese olor a alcohol que llena toda la pieza.
    Las horas en silencio frente a la máquina de coser me consolaban  primero, pudiendo soportar el recuerdo de las malas palabras  y el acero filudo de tus ojos. Siempre me enojó  el que mi madre  perdonara una y otra vez las continuas  palizas de papá, y ahora, me estaba pasando-a mí- lo mismo; y eso me llenaba de furia. ¡No quería ser igual que ella!
    Hoy día, estaba preparando tu comida cuando llegaste, pero tú traías tu saco de  furias y también, tus manos de piedra. No supe cómo lancé el sartén sobre tu cabeza y en la próxima escena, estabas  en el suelo  con la  frente coronada  por los panqueques a medio cocer, los ojos cerrados  y el aceite chorreando, abriendo cauces sanguinolentos  entre la maraña de tu pelo.
  Tu cara de sorpresa me provocó mucha risa…valentía y miedo.
  Te paraste, fuiste a buscar la pala y con todo tu cuerpo, de un solo golpe, destrozaste  las ataduras del arbusto a la tierra, matándolo. A cada golpe de pala, decenas de florecillas saltaban por los aires  tiñendo el paisaje con su sangre inocente.
   A cada golpe de pala, voy llenando mi maleta. No seré nunca más la víctima. Me voy, lejos, lejos de ti.

sábado, 26 de septiembre de 2015

"FELONÍA", RELATO DE ROSA AMELL DE LA TERTULIA LITERARIA DE GUARDAMAR. PUBLICADO POR EL PERIÓDICO GUARDAMAR DIGITAL EL 23-09-2015

Publicado el 23-09-2015




FELONÍA                                                                                           Rosa Amell


     Claudio y Víctor eran amigos desde  el instituto. Quizás las razones primeras de esta amistad fueron la pasión de ambos por la abogacía. El intercambio de ideas, los libros leídos juntos y las largas conversaciones fueron estrechando sus lazos de amistad. La mayor dificultad era para Claudio. No tan brillante como su amigo, tenía muchas veces que hacerse ayudar por este para salir adelante.
     Víctor siempre hizo honor a su nombre, porque en todas las asignaturas sus notas resultaban brillantes. Sus triunfos fueron mucho más allá de la universidad, porque poco tiempo después de graduarse comenzó a trabajar en un gabinete de prestigio en La Habana.
     Claudio tuvo dificultades con la tesis de grado y no obtuvo el diploma hasta el año siguiente. Su amigo lo apoyó, no solo moralmente sino también en el desarrollo de la tesis. Le dio buenas ideas para la misma y hasta alguna que otra vez  trabajaron juntos en la redacción.
     Estos gestos de amistad sincera hicieron los lazos de ambos más fuertes aún. A veces Víctor bromeaba con su amigo y, en lugar de Claudio, lo llamaba “Caudillo”. Si los camaradas lo rectificaban diciéndole “querrás decir Claudillo”. Víctor les respondía:
     –No, es porque no le conocen bien. A este no se le puede chiquear el nombre. Al contrario, si le digo caudillo es porque se bate como un verdadero jefe. Siempre sale victorioso, sobre todo con las mujeres.
     Todos reían, y Claudio también, porque en el fondo le gustaba que en el grupo se le considerara alguien de valía. Era simpático y sabía aprovechar cualquier posibilidad de mejorar su situación donde otros no habrían visto nada. A esta capacidad de “llevar el agua a su molino” él la llamaba “ser previsor”.
     Por razones geográficas y de trabajo los amigos dejaron de frecuentarse, aunque se visitaron algunas veces, muy pocas, con sus respectivas esposas.
     Un día Víctor recibió una llamada de  Claudio. A este no le iban bien las cosas. El gabinete donde hacía años trabajaba debía cerrar. Él sabía que Víctor había llegado a tener su propio gabinete. En la capital todo el  mundo  lo conocía como el abogado que siempre gana. Sus éxitos muchas veces eran tema de noticieros nacionales. Con tan brillante situación, le pareció que estaba en el deber de ayudar a su amigo.
     Habló con su colega y Claudio comenzó a cooperar con ella, ocupándose de los casos de divorcio. Con su simpatía habitual, no le fue difícil ganarse la confianza de Susana. Esta trabajaba con Víctor desde hacía un año, porque la actividad era demasiada para él solo. Todos querían resolver sus graves problemas de justicia y Víctor era una verdadera garantía. También estaban los litigios de herencias, divorcios y otros pleitos que Susana podía solucionar.
     Sin consultar con Víctor, Claudio comenzó a arreglar muchos de los asuntos de los que se ocupaba Susana. Además de como colegas, se veían en reuniones familiares y fiestas. Susana fue presentándole algunos amigos suyos y, muy pronto, Claudio se sintió en su nueva vida como pez en el agua.
     Esta exagerada complicidad alertó a Víctor. Él sabía que “El Caudillo” era previsor, como él mismo decía, y que Susana soportaba mal ser una empleada, aunque por delicadeza Víctor siempre la llamó su asociada.
     Comprobaba, que tanto Susana como Claudio se utilizaban por razones diferentes, pero con un objetivo común. Claudio creía que Susana podía ayudarle a consolidar su posición con la clientela. Ella, que con él llegaría a ser una verdadera asociada. Claramente, Víctor estaba siendo traicionado por su amigo. Decepcionado. Pero hombre avisado, conocedor de la personalidad de los aliados, sabía que esa unión terminaría, según decimos los cubanos, “como la fiesta del Guatao”.

(Históricamente, la fiesta del pueblo del Guatao comenzó con música y acabó en pugilato)

     



miércoles, 9 de septiembre de 2015

"LA CIGÜEÑA" CUBANA", RELATO DE BIANCA APARICIO VINSONNEAU DE LA TERTULIA LITERARIA DE GUARDAMAR, PUBLICADO POR EL PERIÓDICO GUARDAMAR DIGITAL EL (09-09-2015)

Publicado el 09-09-2015

 LA CIGÜEÑA CUBANA                                                     Bianca Aparicio Vinsonneau
           
Sandra se palpó el vientre con preocupación. Acababa de salir de la consulta del ginecólogo, pero aún le llevaría un tiempo asumir que en su interior estaba creciendo una nueva vida.
—Señorita, está usted embarazada —había anunciado el doctor. Así, sin preámbulos ni preparación psicológica. A bocajarro.
Ante su mutismo, él pretendió animarla con una sonrisa. Sin darse cuenta de que hay cosas en las que es mejor no insistir.
—Por lo que parece… de seis semanas.
Sandra tuvo que esforzarse por no contestar con un gruñido. Desde luego, había gente que no sabía cuándo era mejor callarse. Con un nudo en la garganta, dirigió sus pasos hacia su casa y esperó que Andrés no hubiera regresado aún del trabajo.
            No tuvo suerte. Últimamente parecía que nunca la tenía.
            —Qué bien que ya has llegado, cariño. Estaba deseando verte —exclamó él—. ¡Tengo buenas noticias! ¡Me moría de ganas de poder contarte!
            Sandra moduló su voz para que pareciera alegre, y le respondió que ella también tenía algo que contarle:
            —¿Quién primero? —preguntó Andrés, exultante.
—Tú, mi amor, empieza tú —le dijo ella.
—¿Recuerdas la reunión con el director que tanto me preocupaba? —Andrés ardía de impaciencia, y se le amontonaban las palabras en la boca.
Ella asintió, mientras se recostaba en el sillón y pensaba que empezaba a tener nauseas. ¿Acaso podía ya estar sintiendo los primeros síntomas?
—Bueno, pues la han adelantado a hoy. ¡Casi me da un infarto cuando me enteré! Pues resulta que al entrar en su despacho, me encontré con que estaba acompañado del delegado provincial. ¡No me he caí de culo por el susto de milagro! Me sudaban las manos y estaba al borde de un ataque… entonces ¿a qué no adivinas lo que me han dicho?
Sandra, disimulando con maestría, reprimió una arcada y le aseguró que no tenía la menor idea.
—¡Me han ofrecido el puesto de coordinador de ventas! —Andrés culminó su explicación con un gesto triunfal, alzando el puño. Se le veía exultante—. ¡A mí! ¡Y yo que creía que me iban a despedir!
Sandra le sonrió y le felicitó por su ascenso. Le aseguró que era merecido, pues llevaba años esforzándose y trabajando sin descanso. Aceptó sus besos de felicidad, pero lo retuvo cuando Andrés propuso continuar la celebración en la cama. No era el momento.
—¡Ay, cariño! Es cierto, tú también traías noticias. Pensarás que soy un desconsiderado. Perdona, es la emoción de todo esto que me tiene trastornado. ¡Cuenta, cuenta!
Ella se giró para tenerlo de frente y poder verle bien el rostro. Durante un instante estuvo tentada de posponer aquella delicada revelación que cambiaría sus vidas sin remedio. Pero, ¿qué otra opción tenía?
—Andrés, estoy embarazada. —Fue directa, demasiado, pensó. Pero ya estaba hecho.
—¿Es eso cierto? —Se puso de pie de un salto y la abrazó con fuerza mientras gritaba—: Dios mío, ¡hoy es el mejor día de mi vida! ¡Me acabas de hacer el hombre más feliz del mundo!
Sandra sonrió. Al ver la alegría de su marido se le pasó un poco su mal humor. Al fin y al cabo, tampoco era tan malo. Saldrían a delante.
—¿Y de cuánto estás, mi amor? —Andrés seguía en las nubes y gesticulaba con exageración para acariciarle una barriga que no existía.
—De dos meses y medio —mintió.
Prefirió no decir la verdad. No quería que su marido sacara cuentas y se percatara de la extraordinaria coincidencia entre su embarazo y el viaje a Cuba que hizo con sus amigas. Ya pensaría en cómo solucionar el hecho de que el bebé fuera negro.




viernes, 28 de agosto de 2015

"LOS ENAMORADOS DE LIMONE" DE ANTONIO ÁLVAREZ GIL DE LA TERTULIA LITERARIA DE GUARDAMAR, RELATO PUBLICADO POR EL PERIÓDICO GUARDAMAR DIGITAL (26-08-2015)

(26-08-2015)   
LOS ENAMORADOS DE LIMONE                     Antonio Álvarez Gil

Limone es un pueblo pequeñísimo que está situado en la margen occidental del lago Garda, a unos veinte minutos en barco desde Riva del Garda. Aquí las casas están construidas entre la roca y el agua, incrustadas, literalmente, en la falda del monte. En ellas la pared del fondo es casi siempre la piedra viva del macizo. Con tan poco espacio disponible, la vía pública se resume en una urdimbre de callejones que serpentean entre las cuestas, formando una complicada red de escaleras, pasadizos y túneles que uno debe andar si quiere conocer el pueblo. Desde las terrazas y portales de Limone la imagen dominante es la del lago, con el espejo de sus aguas azulosas perdiéndose de vista en la bruma lejana y el ir y venir de las embarcaciones que llegan todo el tiempo cargadas de turistas. Porque Limone vive del turismo, de los cientos y cientos de personas que recorren sus callejuelas, compran en sus tiendas de productos típicos o comen en sus restaurantes. 
Mi esposa y yo, que estábamos de vacaciones en la zona, cenábamos aquella tarde en uno de esos establecimientos, en la terraza del hotel Le Palme. Era la hora del crepúsculo, y mientras la resaca farfullaba bajo el tablado, la niebla vespertina caía sobre el lago y ocultaba suavemente los picos de la orilla de enfrente. De repente, desde un ángulo de la terraza se oyó el metal de un saxofón. Y muy pronto el mismo músico que lo tocaba despegó los labios de la boquilla del instrumento y empezó a cantar. Se oyeron las canciones italianas de toda la vida, las más hermosas. Son las melodías que uno lleva siempre dentro y aparecen un día para recordarnos que siguen ahí, eternamente vivas y prestas a hablarnos de otros tiempos, de tiempos que fueron también los más hermosos.
En la cena compartíamos mesa y mantel con un grupo de noruegos que iban en la excursión. Gente buena de verdad, sociable y conversadora como yo no lo habría imaginado nunca. Ellos, desde luego, no leerán estas líneas. Si pudieran hacerlo, me extendería más y les diría lo mucho que nos gustó su compañía en el viaje a Limone. Pero del amplio paisaje humano que me rodeaba en la terraza de Le Palme, lo que más me llamó la atención fue la presencia de una pareja de jóvenes enamorados que cenaban en una mesa vecina a la nuestra. No sé si sería porque Verona se encuentra muy cerca de allí, pero aquellos dos chiquillos me recordaron vivamente la estampa de Romeo y Julieta. Me parece estar viendo todavía el rostro ovalado de la muchacha, sus grandes ojos oscuros y su pelo castaño; y también, cómo no, la sonrisa ilusionada del muchacho cuando susurraba frases al oído de la chica. Eran, seguramente, frases de amor. Frases y promesas, que van siempre juntas. La luz del crepúsculo cayendo sobre el lago y la música que sonaba en la terraza completaban el cuadro. Era tan fuerte la impresión, tan bonita la imagen de aquella pareja cenando, tal el arrobamiento de sus miradas y, en general, tanto el amor que irradiaban desde su mesa que me hice el propósito de mantenerlos fijos en la memoria, muy cerca de la artesa donde se gestan y crecen mis ficciones.
Esa tarde me dije que algún día reconstruiré la escena (que no podré olvidar en mucho tiempo) y escribiré un relato sobre los enamorados de Limone. Espero que Dios me dé aliento para hacerlo, suerte para ver el cuento en un buen libro y algún lector a cuyo juicio someterlo.


martes, 18 de agosto de 2015

ASÍ FUE LA PRESENTACIÓN DEL LIBRO "ANNIKA DESNUDA" DE ANTONIO ÁLVAREZ GIL, MIEMBRO DE LA TERTULIA LITERARIA DE GUARDAMAR (VIERNES 21 DE AGOSTO DE 2015 A LAS 19,30h. EN EL SALÓN DE ACTOS DE LA BIBLIOTECA PÚBLICA MUNICIPAL.














AMIR VALLE
ANTONIO ÁLVAREZ GIL


CORO BARCAROLA











Annika desnuda cuenta la historia de un joven pintor cubano residente en Estocolmo que lucha por establecerse en la sociedad sueca, pese a las dificultades que esto conlleva para una persona de una cultura muy distinta a la escandinava.
La trama gira alrededor de Annika, una muchacha sueca con la que el protagonista mantiene una turbulenta relación de pareja. En la novela la intriga discurre alrededor de un misterioso objeto de culto, llamado “El collar de las Cuatro Cuevas de la Montaña”, arrebatado por Francisco Pizarro al último emperador de los incas.
“Antonio Álvarez Gil es, sin la más mínima duda, uno de los narradores cubanos más prolíficos y  originales de la actualidad. Libro tras libro: es decir, cuento tras cuento, novela tras novela, ha ido creándose ese espacio personal, ese mundo fabulado propio que tanto anhelan los escritores como sello distintivo de su aporte a las letras del país que los vio nacer.”
Amir Valle




jueves, 13 de agosto de 2015

"LOS MUNDOS PARALELOS" RELATO DE GALINA ÁLVAREZ DE LA TERTULIA LITERARIA DE GUARDAMAR, RELATO PUBLICADO EN EL PERIÓDICO GUARDAMAR DIGITAL (13-08-2015)

Relato publicado el 13-08-2015


LOS MUNDOS PARALELOS                           Galina Álvarez



Cuando era pequeña me apasionaban las historias fantásticas. Leía mucho sobre estrellas, galaxias y años luz. Y también pensaba en los mundos paralelos. Creía sinceramente en las historias sobre platillos volantes y en los testimonios de la gente que afirmaba que los había visto.

Han pasado muchos años y ya no creo en esos cuentos. Pero sí creo en los mundos paralelos; porque los he visto con mis propios ojos.

Viví mis primeros años en Suecia en un barrio de extranjeros. Hay muchos suburbios de ese tipo en todas las ciudades de este país nórdico. Hay que decir que todos los barrios residenciales suecos son bonitos, incluso los destinados a los inmigrantes, con edificios pintados, árboles frondosos y flores por doquier. Lo único que los diferencia es el contenido. En los barrios de los nativos viven muchas personas rubias y existen normas para casi cualquier actividad humana. Y, por encima de todo, hay silencio. Se reglamenta a qué hora poner la lavadora, escuchar música o descargar el baño.

Por el contrario, en los barrios de inmigrantes el baño se descarga a todas horas y la basura se amontona al lado de los depósitos. Las motos, conducidas por adolescentes, circulan por las aceras a gran velocidad y hacen un estruendo espantoso. Las antenas parabólicas llenan las fachadas como las hojas a los árboles. Y los idiomas que más se oyen son el árabe, el turco o el suajili. La piel morena y el velo en la cabeza femenina son un cuadro muy típico. La gente en los guetos habla un sueco pobre o no lo habla en absoluto. Así que miran las noticias y las telenovelas de su tierra y en su propio idioma. Los habitantes de estos guetos apenas salen de ellos. Y lo común es, independientemente del país de origen, que todos critiquen a los suecos.

La gente de los barrios privilegiados vive ajena a todo eso y sólo se preocupa de los impuestos, porque más refugiados significan más impuestos. Esa es la matemática. ¿Acaso estos mundos no son paralelos?

Al mudarme al Levante español, me di cuenta de que también aquí existen esos mundos. Solo que al revés. He visto barrios enormes llenos de ingleses, noruegos, suecos y hasta rusos. Claro, se trata de gente solvente. No necesitan subsidios, sino todo lo contrario, pues pagan impuestos en España. Sin embargo, también viven en guetos. La mayoría no habla el castellano o lo habla muy mal. No quieren saber nada de las normas españolas, ya que les parecen incómodas. Tienen reglas propias, porque están seguros de saberlo todo mejor.  No tienen en cuenta ni siquiera las condiciones climáticas. Por ejemplo, critican la siesta. Para demostrar la inutilidad de esta “tonta” costumbre (pura pérdida de tiempo) salen de paseo con el sol rajando las piedras y cenan a las seis. Como lo hacían en el norte, donde a las tres de la tarde, en invierno, ya es noche profunda. La televisión que ven es la de su tierra y en su propio idioma. Y lo común es, independientemente del país de origen, que todos critiquen a los españoles.

Por otro lado, los españoles viven en su propio mundo, el mundo de la crisis, el desempleo y las fiestas populares. Ajenos al descontento que provocan en los barrios vecinos, siguen permitiendo bicicletas en las aceras y ocupando la vía pública con las mesas de los restaurantes. Y para colmo, no se esfuerzan en mantener la ciudad limpia de excrementos de perros  ni prohibir a sus hijos jugar a la pelota hasta las tantas de la noche en los patios de las viviendas. Infringen, de esa manera, todas las leyes escritas. Y a pesar de todo, viven muy felices.

Son también dos mundos paralelos, ¿no es cierto?